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14 March 2016

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14/marzo/2016

Éste espécimen sólo habita en la Península de Yucatán, en México; su sangre tiene usos médicos, pero en la región costera, que incluye Quintana Roo, está en peligro de extinción, comentó, el biólogo Héctor Ortiz León.

Se trata de un proyecto que busca esclarecer la situación ambiental, poblacional y el daño que recibe la "cacerolita de mar" al ser capturada; que se utiliza como carnada para pescar principalmente pulpo, en lugares como Celestún y Río Lagartos, de Yucatán.

Esta especie es un fósil viviente, es un ser inofensivo y fácil de apresar, dado que en las tardes-noches se posiciona en la arena y manglares; la hembra puede medir hasta los 60 centímetros y el macho hasta los 30 centímetros.

Incluso, esta especie puede verse en elementos de la cultura maya como en códices, bajorrelieves y grabados; en la región peninsular se le conoce mayormente como “mex” (araña).

Se encuentra en la lista de especies en peligro de extinción por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) desde el 2010, no obstante, se continúa capturando de manera furtiva.

Especie muy valorada en la medicina
En Estados Unidos, menciona Ortiz León, la Cacerolita tiene especial cuidado; además de ser protegida por sus características anatómicas únicas en el mundo; su sangre, de un tono azul, es aprovechada en diferentes campos de la medicina.

Su sangre funciona para realizar sustancias con el fin de detectar contaminación por bacterias en drogas y en dispositivos médicos; asimismo, determina la presencia de la meningitis bacteriana y espinal, y sirve también para diagnosticar la leucemia.

La mortandad de esta especie se debe principalmente a la pesca, contaminación, explotación de recursos naturales como hidrocarburos, y la pérdida de habitad ante el desarrollo turístico costero e instalación de puertos, por ejemplo. 

El proyecto tiene como campo de estudio desde Holbox hasta la bahía de Espirito Santo. Participa Héctor Ortiz León, del Tecnológico de Chetumal, Carmen Rosas Correa (Ecosur) y Juan José Sandoval del Tecnológico de Tizimín (Yucatán). 

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