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13 June 2021

Un grupo de investigadores españoles ha demostrado que el uso de mascarillas hace disminuir peligrosamente en sangre el nivel de oxígeno mientras aumenta el de dióxido de carbono. Las mediciones se realizaron en personas que se han visto obligadas a llevar mascarilla durante muchas horas constatándose que ello produce una hipoxia que a corto y medio plazo puede causar graves daños. Además creen haber descubierto el mecanismo compensatorio que usa el organismo para generar endógenamente oxígeno cuando no obtiene suficiente al respirar, hallazgo que confirmaría lo que postula el doctor Arturo Solís según el cual los humanos tenemos la capacidad natural de generar oxígeno y energía a partir de la melanina.

El gobierno español se mostró dispuesto en mayo a dar por terminado el estado de alarma y el toque de queda así como a levantar los cierres perimetrales generalizados pero, inexplicablemente, decidió seguir obligando a la gente a llevar mascarilla. Nuestras autoridades han decidido pues seguir ignorando que no solo son ineficaces sino peligrosas para la salud. Hay muchos trabajos publicados que lo demuestran y numerosos expertos que lo han denunciado como ya dimos a conocer en el reportaje que con el título  Las mascarillas no son eficaces y además son peligrosas para la salud apareció en el nº 242 y puede consultarse en nuestra web: www.dsalud.com (https://www.dsalud.com).

Pues bien, acaba de publicarse un nuevo trabajo que así lo corrobora efectuado por siete médicos españoles –Rosa María Narros, Antonio Ruiz, Hilario Robledo, Sergio Mejia, Santiago de La Rosa, Esther de la Paz, Saúl David Flores-, una farmacéutica –Inés Santa María- y una analista –María Luisa García– que midieron los niveles de oxígeno y dióxido de carbono en el interior de los distintos tipos de mascarilla que se comercializan -textil, quirúrgica, FFP2 y FFP3- y en la sangre de quienes las han llevado largo tiempo. El trabajo -titulado Estudio observacional descriptivo. Adaptaciones fisiológicas derivadas del uso de las mascarillas y sus posibles repercusiones en el usuario– concluye asegurando que todas esas mascarillas -sin excepción- disminuyen en boca el nivel de oxígeno (O₂) que entra y aumentan la cantidad dedióxido de carbono (CO₂). Y el resultado es que pasa lo mismo con los niveles de ambos gases en las arterias lo que da lugar a una situación de hipoxia y, por ende, a una insuficiencia respiratoria.

Y es que cuando utilizamos una mascarilla impedimos que al inspirar llegue a nuestros pulmones suficiente oxígeno pero también que se eliminen libremente -por el efecto barrera- el dióxido de carbono y los gases procedentes de los procesos digestivos. Gases que al permanecer parcialmente en el interior de la mascarilla volvemos a inhalar ¡cuando se trata de productos de desecho que incluyen las bacterias y virus que de forma natural se eliminan a través de la respiración!

Está constatado que un déficit de oxígeno continuado hace disminuir su concentración en sangre mientras aumenta la del dióxido de carbono, algo que a su vez provoca un aumento de la acidez sanguínea (pH) que rompe el equilibrio necesario para el correcto funcionamiento de células y tejidos. Agregaremos que se considera normal una presión de oxígeno en la sangre arterial de entre 75 y 100 mmHg y la de dióxido de carbono de entre 35 y 45 mmHg (si es mayor de 45 el fenómeno se denomina hipercapnia y si es menor de 35 hipocapnia).

Hecha esta breve introducción diremos que el equipo antes citado decidió medir los niveles de CO₂ y O₂ en la sangre arterial de 60 personas de 6 a 65 años -30 adultos y 30 niños- sin problemas respiratorios y buen estado de salud, no afectados por ninguna patología. Y se hizo de manera no invasiva utilizando unos transductores transcutáneos Radiometer cuya fiabilidad es del 99,9% respecto a la medición directa y hoy se usan ampliamente para medir la oxigenación incluso en recién nacidos y niños. Todos ellos estaban obligados al uso de mascarillas durante largos períodos de tiempo y se supervisó que se ajustaran correctamente las mismas durante las mediciones para evitar errores. El grupo de control lo integraron 62 personas sanas. Cabe añadir que la cantidad normal de oxígeno en el aire es del 21% (el 78,1% es nitrógeno, el 0.9% argón y el resto otros gases: dióxido de carbono, helio, ozono, neón, metano, etc.) y su déficit puede provocar lesiones si se mantiene en el tiempo considerándose especialmente peligroso cuando su concentración es inferior al 16%.

En cuanto al resultado del estudio fue claro: todas las mascarillas -los cuatro tipos- provocan hipoxia (déficit de oxígeno) e hipercapnia (exceso de CO₂ en sangre). Además si la concentración de oxígeno desciende al 10% y la presión baja de 60 mmHg puede haber asfixia mortal.

Así lo expresa el trabajo que comentamos: “(…) El uso de las mascarillas produce un estado de ‘hipoxia silenciosa’, peligroso efecto que no produce falta de aliento, y además un aumento de la hipercapnia fisiológica que se agrava de manera proporcional con el tiempo de uso de la mascarilla y podría justificar los dolores de cabeza, dermatitis, somnolencia, alteraciones digestivas calambres, vómitos y diarreas compensatorias y a una depresión del sistema inmunológico que predispone a una alteración de la microbiota bucal que justificaría las infecciones por bacterias y hongos que nos estamos encontrando estos días en consulta cuyo aumento es llamativo”.

Según estos investigadores es muy probable que en el futuro aparezcan además otros efectos adversos algunos de los cuales podrían ser irreversibles. Y agregan que cuanto más jóvenes sean los usuarios y más horas diarias utilicen las mascarillas más tiempo pueden estar enmascarados sus efectos.

Los investigadores comprobaron también que la purificación del aire en los lugares interiores es eficaz si se usan sistemas adecuados de ionización y purificación, algo ya reconocido por el Ministerio de Sanidad y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Uno de los aparatos testados demostró de hecho en un estudio previo realizado en febrero en la Universidad Autónoma de Madrid que elimina el 90% de los virus en cinco minutos y más del 99% de la carga viral en quince.

Asimismo descubrieron que las mediciones del pulsioxímetro, dispositivo no invasivo muy utilizado que se pone en el dedo índice para medir la saturación de oxígeno en sangre, puede no reflejar el estado real de oxigenación de un paciente en determinadas circunstancias lo que podría explicar por qué durante la Covid-19 hubo tantas insuficiencias respiratorias entre personas con buena saturación según el aparato. En todo caso el hallazgo más sorprendente fue la detección de un mecanismo de compensación por el cual el organismo genera endógenamente oxígeno.

Pues bien, de todo ello hemos hablado con uno de los miembros  del grupo de investigadores, la doctora Rosa María Narros, especialista en Medicina del Deporte y Educación Física.

UNA INVESTIGACIÓN NOVEDOSA

-¿Cómo es que un grupo de médicos decide unirse para hacer un estudio sobre las mascarillas en plena pandemia?

-Porque veíamos en nuestras consultas un serio aumento de trastornos de todo tipo asociados al uso de las mascarillas: dermatitis, conjuntivitis, trastornos de la piel de todo tipo e, incluso, un mayor número de casos de crisis convulsivas en niños epilépticos. Así que empezamos a plantearnos su asociación con la mascarilla, cada uno desde su área de conocimiento; en mi caso como médico del deporte y mi experiencia en buceo y estancias en altitud con déficit oxígeno.

Queríamos saber si se trataban principalmente de casos de hipercapnia, hipoxia o de ambas y si el pulsioxímetro vale o no para medir el estado real de oxigenación de un paciente. Eran los temas de conversación en nuestras charlas de café hasta que un día decidimos que lo mejor era medir en boca y arterialmente los niveles de oxígeno y dióxido de carbono para constatar realmente qué pasa en el organismo cuando se usan mascarillas cierto tiempo.

-¿Cuáles fueron sus planteamientos iniciales?

-Cuando decidimos hacer el estudio existía un amplio debate sobre los posibles perjuicios de las mascarillas pero no teníamos datos concretos. Sabíamos -porque nos lo habían dicho quienes trabajan practicando cirugía con tumores de base vírica- que las mascarillas no protegen de los virus. De hecho en los quirófanos se utilizan aspiradores, equipos de ionización y/o equipos de ultravioleta para asegurarse de que ningún miembro del equipo se contagie. Saben que las mascarillas no son garantía de seguridad frente a los virus.

También sabíamos, por trabajos anteriores, que la alteración de los niveles de oxígeno y dióxido de carbono en nuestro interior puede acabar provocando trastornos neurológicos, entre ellos crisis convulsivas. Hace tiempo contacté con unos amigos que tienen una fundación en Ecuador –Funepi– y trabajaban con una población indígena que habita en lugares con déficit de oxígeno debido a la altura por lo que tienen una serie de rasgos especiales y ciertos trastornos neurológicos. Había por ejemplo niños que sufrían al día más de 100 crisis epilépticas de difícil manejo y control y las provocaba la hipoxia. Es un efecto adverso documentado y sin embargo esa posibilidad no se tuvo en cuenta a la hora de imponer el uso permanente de mascarillas, especialmente a los menores. Bueno, pues el trabajo que ahora damos a conocer demuestra que las mascarillas impiden una adecuada oxigenación y que su uso habitual es peligroso para la salud. Nadie puede ya negarlo. Lo hemos probado.

-¿Con qué tipo de personas han realizado el estudio?

-Con personas sanas de 6 a 65 años. No queríamos arriesgarnos a que se achacara ningún posible efecto adverso a otras patologías. Entre los adultos había locutores, cantantes, personal de hostelería… Y confirmamos que las mascarillas acaban antes o después provocando un Síndrome de Insuficiencia Respiratoria Tipo 1, incapacidad del sistema pulmonar para satisfacer las demandas metabólicas del organismo que se caracteriza por una presión arterial de oxígeno inferior a 60 mmHg y un aumento de la presión arterial de dióxido de carbono superior a 50 mmHg.

-¿Esa insuficiencia puede llevar a la muerte?

-Sí. ¿En cuánto tiempo? Eso no lo sabemos pero lo demuestran algunas autopsias efectuadas en Italia, un par de ellas en Alemania y otra en Barcelona en las que están constatadas muertes por hipoxia y  desgraciadamente todos eran niños.

Hay personas que entran en hipoxia y en unos casos el organismo compensa su déficit de oxígeno y en otros no. Aún no sabemos por qué pero cuando no lo compensa puede llegarse al fracaso orgánico y a la muerte. Además el problema es que en tales casos no hay un aviso previo. La persona no nota nada, simplemente se desploma. No hay señal de asfixia. Podríamos decir que ocurre como en el Síndrome de Pickwick, enfermedad respiratoria que se caracteriza por niveles bajos de oxígeno y demasiado dióxido de carbono en sangre aunque en este caso suele darse en personas obesas. Lo inaudito y lamentable es que no podemos hacer autopsias porque están prohibidas; cuando a alguien se le cataloga como afecto de Covid-19 y muere no hay autopsia: el cadáver se incinera.

-¿Cómo se realizaron las mediciones?

-Primero pensamos en conseguir muestras de sangre arterial pero su obtención es un proceso doloroso. Unos compañeros de Alemania nos hablaron entonces de un equipo que ellos utilizan llamado Radiometer que no es invasivo, tiene una fiabilidad del 99% respecto de los obtenidos en las analíticas y es imprescindible para diagnosticar la insuficiencia respiratoria. Conseguimos el equipo y empezamos a medir el oxígeno y el CO₂ en la sangre de los voluntarios. Primero tomamos los datos con poco tiempo de uso de la mascarilla porque habíamos citado a muchos pacientes para ver lo que estaba pasando y si realmente existía hipoxia. Fueron mediciones de 15 minutos y ya entonces constatamos que el nivel de oxígeno llegaba a ser inferior a los 60 mmHg. Se entraba pues en zona de peligro. La segunda medición la llevamos a cabo tras una o dos horas y ahí fue cuando nos quedamos desconcertados. No entendíamos cómo la gente podía seguir de pie porque ¡casi no había oxígeno en la mascarilla! En ese momento nos encontramos con uno de los hallazgos más importantes del trabajo al constatar que nuestro organismo parece tener un mecanismo de compensación ante la falta de oxígeno que aún no ha sido estudiado y hasta el momento sólo lo ha enunciado el médico mexicano Arturo Solís.

UN HALLAZGO SORPRENDENTE

-¿En qué consiste?

-Hasta ahora no se había podido demostrar que fuéramos capaces de conseguir oxígeno de otro sitio que no sea del aire pero en las mascarillas las mediciones demostraron que hay momentos en que llega a bajar del 10% con un nivel de CO₂ altísimo. Si en ese momento tratáramos de aumentar nuestro nivel respiratorio con la idea de compensar la carencia de oxígeno lo que haríamos sería aumentar la hipercapnia pero no conseguiríamos más oxígeno. Lo que vimos entonces -y en ello profundizaremos en una segunda parte del trabajo- es que cuando aparece la hipoxia y el nivel de CO₂ comienza a subir a unos niveles muy peligrosos de repente se desploma, sin razón aparente alguna, hasta un nivel cero. Sin más. Al principio pensamos que el sensor se habría despegado pero comprobamos que no. Simplemente hay un momento, cuando el organismo identifica que la bajada del nivel de oxígeno está por debajo de los 6 mmHg y el nivel de CO₂ empieza a subir a 35 o 36, en que un mecanismo que aún desconocemos consigue bajar en sangre el nivel de CO₂ por debajo de 0 mmHg al tiempo que el oxígeno aumenta hasta 130 mmHg. A partir de ahí se inicia un tiempo de compensación que viene a ser de unos 10 minutos. Después, si la situación permanece, el proceso vuelve a repetirse: va subiendo el CO₂ y baja el oxígeno. Las personas más sensibles pueden sentir dolor de cabeza durante ese proceso pero las que están muy adaptadas ni siquiera lo notan… lo que no quiere decir que sus células y órganos no lo sufran.

-¿La persona no siente que se está reduciendo su nivel de oxígeno?

-El adulto no lo nota. Solo pudimos ver efectos evidentes cuando hicimos las mediciones con dos cantantes de ópera que estuvieron dos horas con la mascarilla puesta. Una de ellas canta en apnea y está más adaptada a la hipoxia, la otra no. En ellas sí comprobamos que cuando ya llevaban cerca de 2 horas con la mascarilla puesta el mecanismo de compensación dio muestra de irse agotando y empezaron a notar dolor de cabeza, algo de mareo y la necesidad de quitarse la mascarilla un rato. La cantante en apnea, tras la prueba, estuvo un rato con cierta desazón corporal hasta que finalmente se recuperó. Después nos comentó que la sensación había sido parecida a lo que sentía tras una mañana de trabajo con la mascarilla puesta. Entonces necesita media hora de descanso para recuperarse.

-¿Cuál sería la base teórica de ese mecanismo de compensación?

-Según el doctor Arturo Solís, experto en Oftalmología y Neurología, los humanos obtenemos gran parte de la energía que necesitamos mediante un proceso de fotosíntesis que guarda similitud con el de las plantas aunque en nuestro caso es la melanina y no la clorofila la que se encarga de obtener energía disociando las moléculas de agua, con ayuda de la radiación electromagnética natural, en dos moléculas de hidrógeno. Pero al mismo tiempo que se obtiene energía se obtiene oxígeno en un proceso en el que también intervendría la anhidrasa carbónica favoreciendo la obtención de glucosa. En todo caso lo más revolucionario es que también puede darse la función inversa y volver a unir el hidrógeno y el oxígeno para constituir nuevamente agua liberando también en ese proceso energía. Es un ciclo que se puede repetir en incontables ocasiones. Esa liberación de oxígeno es la que aparentemente estaría detrás del mecanismo de compensación.

-¿Cuánto puede durar ese proceso de compensación teniendo en cuenta que hay gente que está llevando la mascarilla durante 8 horas desde hace meses?

-Lo desconocemos pero las muertes constatadas de niños se produjeron cuando llevaban ya más de un año utilizando la mascarilla de forma sistemática y continuada durante varias horas al día, incluso haciendo deporte. No sabemos si el mecanismo aguanta un año o dos. Suponemos que depende del estado de salud de cada uno o de la intoxicación a otros niveles pero cuando fracasa no avisa: te desplomas. No hay sensación de asfixia. Lo más llamativo del niño que falleció en Barcelona fue que se desplomó sin quitarse siquiera la mascarilla. No pidió auxilio, no notó nada, ni nadie identificó nada. El niño salió del colegio y se desplomó en la puerta. La autopsia determinó que se trató de una hipercapnia. En Italia llegaron a entubar a una niña pero no consiguieron recuperarla.

-¿Qué ocurre entonces cuando utilizamos durante varias horas una mascarilla?

-Entramos en una hipoxia crónica -lo que equivale a una insuficiencia respiratoria tipo uno- a la que el organismo se acaba adaptando pero eso no quiere decir que a la larga no tenga consecuencias. A corto plazo, salvo el caso dramático de algunas muertes, yo creo que en general la población actúa enlentecida. En un estudio que se hizo en Alemania con pilotos y médicos se puso de manifiesto que cuando usaban mascarillas bajaba su rendimiento y nadie era consciente de ello porque todos estaban en las mismas circunstancias. Es un enlentecimiento tanto físico como intelectual. De hecho en el grupo de profesionales de hostelería que medimos también se quejaron de dolores musculares por la subida de ácido láctico. Insisto: todo esto sin contar los muchos efectos a largo plazo que un déficit de oxígeno puede provocar en la salud.

–¿Y a largo plazo cómo podría llegar a influir?

-A nivel intelectual ya se ve en grupos que viven en altura. Todo lo que es actividad mental, cálculo matemático, trabajo memorístico, asociación de ideas, etc., cuesta más trabajo y se desarrolla de forma mucho más lenta que cuando se trabaja con un nivel de oxígeno normal. En los mayores el envejecimiento se acelerará y aumentarán las demencias. En los niños entendemos que se verán afectadas la memoria, la capacidad de cálculo y la capacidad de juicio. Todo esto ya se ha comprobado tanto en la población en general como en trabajadores que desarrollan su labor en situación de hipoxia. Y los efectos físicos en todos los sistemas orgánicos pueden ser innumerables: reinhalación de virus y bacterias, efectos neurofisiológicos, hiperventilación, hipoxia cerebral, hipoxia cardíaca, hipoxia en sangre, hipercapnia, cáncer, afectación del sistema inmunitario e, incluso, muerte súbita. El caso es que en Medicina del Trabajo están bien documentados los efectos de la hipoxia y por eso la normativa recoge que un nivel de oxígeno en el ambiente laboral por debajo del 19% se considera insalubre y no se debe permanecer en él. Bueno, pues resulta que con las mascarillas nos tienen durante horas con un nivel de oxígeno inferior, incluso por debajo del 6%.

–¿Todas las mascarillas tienen ese problema o hay alguna que no provoque hipoxia?

-Las mascarillas, para protección vírica, son inútiles todas. Y todas provocan suboxigenación. En las FFP2 y FFP3 se pueden llegar a acumular hasta 12.000 ppm de CO₂ cuando lo normal en un ambiente bien ventilado es que haya 300 ppm. Por guardar las apariencias podemos usar las de tela sin filtro pero si realmente se quiere proteger a la población de algo en interiores habrá que usar sistemas de purificación del aire. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) hizo estudios en la Universidad de Alcalá de Henares demostrando que son súper-eficaces para limpiar el aire de virus, bacterias, hongos y tóxicos ambientales en menos de 15 minutos. Son sistemas que además están autorizados para la población que padece el Síndrome Químico Múltiple y no son costosos. Así que si se quiere proteger a la población de verdad lo que se tendría que hacer es potenciar este tipo de sistemas para los interiores y no las mascarillas. ¡Si es que nos quieren proteger de algo, que esa es mi duda!

-¿Y qué opinan ustedes de la eficacia de las mascarillas al aire libre?

-La concentración de un patógeno -de cualquiera- es ínfima al aire libre. No puede haber una concentración tan alta como para enfermarnos o intoxicarnos si el sistema inmune está bien. Y si la concentración fuera muy alta o nuestro sistema inmune no está bien se puede usar un purificador que colgado del cuello genere un campo de iones negativos alrededor de la boca y la nariz con lo cual te aseguras la protección contra virus, bacterias y hongos. Y son muy baratitos.

-Usted es experta en Medicina del Deporte. ¿Cómo valora la decisión de obligar a los niños a hacer ejercicio con mascarilla?

-Me parece un disparate. Tengo gemelos y se lo tengo prohibido. Para mí, personalmente, ha sido una guerra constante. Hasta ahora que, afortunadamente, están en otro centro en el que director tiene una mentalidad más abierta y no les obliga a llevarla pero lo del anterior era una aberración: mascarilla para todo. Como los niños tienen riesgo de crisis convulsiva le pedí al neurólogo que realizara el preceptivo informe para llevarlo al colegio. Un mes estuvieron los niños en casa hasta que las medidas se aprobaron y un inspector autorizó las medidas compensatorias. Cuando fueron a clase les sentaron al final sin mascarilla pero con mamparas de protección en sus pupitres. ¿El resultado? Los demás niños les hacían bullying y lo mismo pasó con los profesores. Y todo por miedo. A los niños se les aisló. Pusieron a cada uno en una esquina del patio junto a un árbol, sin poder hablar entre ellos y sin poder hacer deporte porque los demás lo hacían con mascarilla. Al cambiarlos de colegio el problema se resolvió pero aun así tienen que llevar mascarilla hasta la entrada para no tener problemas con los otros padres. Así que ya se puede imaginar el estrés con el que viven los niños que no quieren o no pueden llevar la mascarilla. Hay que dejar de obligar a los niños a hacer deporte. Los profesores y la dirección del colegio tienen que ser conscientes de que un día alguno de ellos puede morir si fracasa su sistema de compensación y entonces no habrá vuelta atrás.

Otro dato significativo que vimos al hacer el estudio es que los profesores preferían no colaborar. Realmente creían que los niños les podían contagiar y que es peor morirse de la Covid-19 que morirse de hipoxia. El miedo de la población es muy grande y la única forma de cambiar la situación es explicarles que hay otros sistemas de protección eficaces contrastados científicamente y que las mascarillas no solo no les protegen sino que pueden causar a su salud daños graves; incluso la muerte.

-Otro grupo especialmente perjudicado es el de las mujeres embarazadas a las que se está obligando a parir con mascarilla

–A las mujeres embarazadas y a la gente que les acaba de dar un infarto y precisan de un mayor aporte de oxígeno. Además las mascarillas pueden estar afectando a la oxigenación del feto al reducirse el oxígeno de la madre. Al igual que pasa con la parálisis facial no se detecta hasta que los niños tienen cuatro meses. Y hasta que los que están naciendo ahora no tengan un año de vida no sabremos si han sufrido un cierto deterioro cognitivo por privación de oxígeno. Hay ya neurólogas que están avisando de que los daños pueden ser irreversibles.

-¿Van a publicar su trabajo en alguna revista científica?

-Inicialmente nos planteamos hacerlo siguiendo todos los protocolos pero vimos que el proceso llevaría mucho tiempo y tras la última autopsia conocida decidimos que había que darlo a conocer cuanto antes. Por eso decidimos hacerlo público a través de vuestra revista. Si hay que hacer un segundo trabajo cumpliendo todos los requisitos lo haremos para que tenga mayor validez. La idea es que este trabajo pueda utilizarse en procesos penales como el que el abogado alemán Reiner Fuellmich quiere emprender contra la OMS y altos cargos alemanes. Porque lo que tenemos claro es que las consecuencias del uso de las mascarillas, de que provocan hipoxia e hipercapnia, lo sabían.

UN TRABAJO CONCLUYENTE

Terminamos indicando que el trabajo español, con ser significativo por su metodología, no es el único que en los últimos meses ha denunciado el peligro de las mascarillas. En enero pasado apareció en Medical Hypotheses un trabajo coordinado por Baruch Vainshelboim titulado Facemasks in the COVID-19 era: A health hypothesis (Máscaras faciales en la era COVID-19: una hipótesis de salud) según el cual “los datos sugieren que tanto las mascarillas faciales médicas como las no médicas son ineficaces para impedir la transmisión entre personas de enfermedades virales e infecciosas como la del SARS-CoV-2«. Además asegura que su uso tiene importantes efectos fisiológicos y psicológicos.

Y el pasado 20 de abril un grupo de ocho investigadores alemanes del Departamento de Psicología de la Universidad de Ciencias Aplicadas FOM de Siegen (Alemania) dirigido por Oliver Hirsch publicó en International Journal of Environmental Research and Public Health un metaanálisis de los estudios ya publicados sobre las consecuencias del uso de mascarillas. Se titula Is a Mask That Covers the Mouth and Nose Free from Undesirable Side Effects in Everyday Use and Free of Potential Hazards? (¿Una mascarilla que cubre la boca y la nariz está libre de efectos secundarios indeseables en el uso diario y libre de peligros potenciales?) y puede consultarse en https://www.mdpi.com/1660-4601/18/8/4344/htm (https://www.mdpi.com/1660-4601/18/8/4344/htm). 

El estudio analiza los datos de 44 trabajos y las evaluaciones de otros 65 y sus conclusiones son demoledoras. Según han comprobado tanto las personas sanas como las enfermas que usan largo tiempo mascarilla pueden experimentar el llamado Síndrome de Agotamiento Inducido por Máscaras además de aumento de la resistencia respiratoria, aumento del dióxido de carbono en sangre, disminución de la saturación de oxígeno en sangre, aumento de la frecuencia cardíaca, aumento de la presión arterial, disminución de la capacidad cardiopulmonar, aumento de la frecuencia respiratoria, disnea y dificultad para respirar, dolor de cabeza, mareos, disminución de la capacidad de concentración, disminución de la capacidad de pensar, somnolencia, disminución de la percepción de empatía, problemas en la piel con picazón, acné, lesiones e irritación cutáneas, fatiga y agotamiento. Es más, aseguran que a largo plazo puede dar lugar a un aumento de la presión arterial, arteriosclerosis, enfermedades coronarias y neurológicas,  inmunosupresión y síndrome metabólico. Y añaden que a nivel celular puede provocar la inducción del factor de transcripción HIF (factor inducido por hipoxia) aumentando los efectos inflamatorios y promotores del cáncer además de agravar cuadros clínicos preexistentes.

(D salud)

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