Medidas-Preventivas
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12 May 2020

En diciembre de 2008, el puerto de Acapulco experimentó una enorme presencia militar en sus calles y un impresionante cerco, convirtiendo al destino turístico en una fortaleza, el motivo, la familia Calderón Zavala vacacionaba en uno de los hoteles más lujosos del lugar. Mientras la familia del presidente era resguardada por el ejercito mexicano y un fuerte dispositivo de elemento de seguridad del estado de Guerrero, millones de mexicanos convivían con la muerte emanada de la declaración de guerra que realizará el entonces presidente Felipe Calderón en diciembre de 2006.

Quizás Margarita Zavala veía desde un camastro a sus hijos disfrutar de la alberca mientras tomaba una bebida sin alcohol protegiéndose de la sombra bajo un costosísimo sombrero, al mismo tiempo que una madre en cualquier calle del país, lloraba tendida junto al cuerpo de su hijo o de su hija destrozado por las balas y agregándose a la lista de los interminables daños colaterales; tal vez, Margarita Zavala se acercaba a la barra a pedir un bocadillo para acompañar su bebida, mientras mi tía de 50 años tenía que tirarse al suelo pidiéndole a todos sus santos, que aquella balacera que parecía interminable, no acabara con su vida mientras compraba pollo para comer. Tal vez, solo tal vez, mientras el hijo del entonces presidente Calderón se aventaba un clavado en una fresca alberca del complejo turístico donde se hospedaba, en una calle del centro de Tepic decenas de niños y niñas corrían entre el zumbido de las balas cuando salían de la escuela. Es probable que Felipe Calderón abrazara a sus hijos al sacarlos de la alberca y cubrirlos con una toalla seca, mientras mi primo era golpeado por fuerzas policiales porque les parecía sospechoso como toda la juventud en aquel entonces. Las historias de las víctimas son interminables.

El calderonato estuvo marcado por la sangre y el desprecio generalizado de la vida, nos quisieron vender la idea de una guerra necesaria contra un enemigo de proporciones dantescas con resultados que todos conocemos. Lo que nunca nos dijeron fue la otra parte, la que ha venido descubriéndose a cuenta gotas, la que muchos periodistas denunciaron en sus investigaciones y que no pudieron ver la luz nuevamente porque fueron asesinados sin esclarecer el hecho, la que habían denunciado personal militar sobre los vínculos de funcionarios del gobierno de Calderón con el narco y que fueron silenciados. No nos dijeron que hubo una operación combinada con el gobierno de los Estados Unidos para introducir armamento a nuestro país con la intención de “rastrearlo” y así poder controlar el flujo de armas del vecino del norte que terminaban por matar gente inocente en el nuestro y, que al final de cuentas, sólo sirvió para acrecentar su armamento.

A la sombra de la muerte de miles de personas operaba la impunidad, la corrupción, el saqueo, la mentira del progreso, el deterioro de los derechos humanos, la estafa, el despilfarro, que por supuesto, son la raíz de muchos de los problemas que hoy nos aquejan, no se puede apuntar a la hoja de un árbol sin pensar en las raíces. Hoy, como si el pasado no existiera, como si los hechos no hablaran por las personas, Calderón se atreve a hablar sobre los males que fueron incubados durante su mandato, se presenta como el demócrata que nunca fue con el fraude electoral a cuestas, pretende hablar sobre los derechos laborales cuando durante su sexenio se llevó a cabo, entre otras cosas, la implementación del outsourcing teniendo como secretario del trabajo al que ahora pretendía ser el vocero de la COPARMEX, Javier lozano, hace un llamado al respeto a las fuerzas militares mexicanas cuando fueron enviados a una guerra inútil que solo trajo muerte y desprotección del estado para las familias de los soldados caídos, y en un acto más de cinismo, desiste de la invitación al Tec. de Monterrey e intenta el acercamiento con los familiares de dos estudiantes ejecutados a los cuales trató, en su momento, como daños colaterales.

Pero el colmo del cinismo, es tratar de hablar de seguridad nacional cuando Genaro García Luna, quien fuera el Secretario de Seguridad en su gabinete, se encuentra preso en EEUU por presuntos nexos con el cartel de Sinaloa y, según las declaraciones de la entonces embajadora norteamericana Roberta Jacobson, se tenía conocimiento pleno de las actividades ilícitas. En un intento de desvincularse de los señalamientos de una presunta complicidad con su secretario de seguridad, Calderón apela a una cortina de humo por parte del gobierno de Andrés Manuel López Obrador para dejar de atender otros asuntos.

No cabe duda, el cinismo, la mentira y la muerte serán las cartas credenciales de uno de los peores presidentes que ha tenido este país al que tanto le urge que haya justicia y, que, por fin, se castigue a los responsables.

(Sin Línea)

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