Has no content to show!
11 July 2019

A partir del 1 de diciembre de 2018, Andrés Manuel López Obrador en su toma de posesión como presidente constitucional, lanzó una batalla frontal contra la corrupción que imperó en México, al menos durante los pasados 36 años que caracterizaron el llamado periodo neoliberal.

Como muestra de ello, hemos sido testigos de la anulación de pensiones a expresidentes, la reducción de sueldos a altos funcionarios, el privilegio para condonar impuestos a las grandes empresas y la cancelación de contratos leoninos, entre las más relevantes de una larga lista de acciones que coadyuvarán a que la corrupción ya no sea tolerada.
Aunque son medidas necesarias ante la situación actual del país, no todo ha sido miel sobre hojuelas, ya que no fueron bienvenidas por algunas personas que comparten una característica común: la pérdida de privilegios. Entre ellas se encuentran expresidentes, partidos políticos y parte de la cúpula empresarial, quienes a su vez se autodenominan como oposición al poder. Aunque en una democracia la oposición tiende a hacer contrapeso, parece que no les ha quedado claro esto, pues se han dedicado a obstaculizar iniciativas de bien común, para recuperar sus prerrogativas perdidas.
Dicha oposición, ha mostrado rasgos endebles y se encuentra arropada por una sombra oscura del pasado pendiente de descalificar las acciones del presidente un día y el otro también. Esta situación enturbia la escena política mexicana.
Un ejemplo de ello es lo que sucedió en días pasados, cuando se conoció la noticia de un pequeño grupo integrante de la Policía Federal que desató una huelga y lanzó estruendosas, pero torpes demandas, sin base ni sustento. El presidente López Obrador mencionó en su conferencia mañanera, que detrás de esta manifestación había mano negra.

Esa expresión coloquial, me hizo recordar el juego de canicas, donde la mano negra significaba no jugar bajo las reglas acordadas o hacer trampa. Sin duda el presidente acertó con el comentario, pues el titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, señaló que Felipe Calderón estaba detrás de esas movilizaciones. Un antecedente de esto, ha sido mencionado por la reconocida periodista Anabel Hernández en diversos foros, el expresidente en conjunto con Genaro García Luna, controlaban los hilos de la policía federal que fue, desde su creación, su brazo armado.

Si lo anterior no es acertado, entonces ¿Cuál es el interés de defenderlos? ¿Será realmente Calderón la mano negra de la que habló el presidente?

Las dudas caben, ya que el pasado de Calderón ha estado envuelto con actos de traición al pueblo de México. Él fue parte del FOBAPROA, ese rescate bancario que convirtió la deuda de unos pocos en deuda pública y que hasta la fecha los mexicanos continuamos pagando.

Posteriormente en 2006, se instaló como presidente de México bajo la mancha de unas elecciones muy cuestionadas ante pruebas contundentes que así lo demostraban. Para legitimarse, materializó una guerra contra el narcotráfico, que de acuerdo con las periodistas Nancy Flores y Anabel Hernández; se trató de una simulación que en realidad fungió como órgano protector del cártel de Sinaloa.

Además, su servilismo entregó el país a extranjeros de todas las maneras posibles, corrompió a las instituciones gubernamentales y, regresando al tema de la Policía Federal, fue a través de esta institución que realizó los más grandes crímenes de lesa humanidad. A tal grado que existen denuncias en su contra en órganos internacionales. Es evidente que Felipe Calderón no llegó a la presidencia para servir a los mexicanos, sino para servir a sus intereses y a aquellos que hicieron de México un botín.

Ahora, si la mano negra detrás de la Policía Federal fue él, ¿Quién es la mano negra que le mueve los hilos a Calderón? Quizá: ¿La cúpula empresarial que perdió privilegios? ¿Algunos intereses de extranjeros? ¿Ladrones de cuello blanco? ¿El narcotráfico? ¿El crimen organizado?

Varias preguntas y un sinfín de respuestas que permiten reflexionar en la motivación de esa mano negra con intenciones de volver a imponerse en la escena política. La pregunta trascendental para los mexicanos derivada de este análisis sería: ¿Realmente permitiremos que regresen? La respuesta queda implícita cuando echamos una mirada hacia atrás y nos percatamos de que hoy vivimos un verdadero cambio, donde reafirmamos nuestros anhelos por construir un México donde todos podamos vivir mejor

(Sin Línea.Mx)

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