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08 February 2019

No catar ni hidratos de carbono, ni azúcar durante 10 días. Éste fue el reto que Jennifer López y su novio, Álex Rodríguez, lanzaron a sus millones de seguidores en redes sociales a finales de enero. Durante ese tiempo, la cantante y el ex jugador de béisbol eliminaron de su dieta la pasta, los dulces y las sodas azucaradas, animando a sus fans a perseverar en el 'sacrificio'. Eso sí, llegada la jornada undécima, la pareja festejó su 'heroicidad' metiéndose el atracón de su vida de pizza, patatas fritas, arroz y tarta, tal y como público Rodríguez en su cuenta de Instagram.

No hace falta ser una eminencia para darse cuenta de que su hazaña resulta, como poco, absurda (someterse a cualquier régimen estricto para luego ponerse las botas de todo de lo que te has privado no parece demasiado 'equilibrado') pero, ¿hasta qué punto puede resultar perjudicial quitarse el 100% de los hidratos de carbono de golpe?

María Amaro, experta en nutrición de la Clínica Feel Good (Madrid), lo aclara: "Si realizamos una restricción de este tipo de alimentos durante un periodo prolongado y, además hacemos deporte, someteremos a nuestro cuerpo a un estrés innecesario".

Amaro detalla cómo se comporta nuestro organismo al utilizar los diferentes tipos de energía (grasas, proteínas e hidratos) que nos brindan los alimentos. "Usa las grasas como combustible de bajo impacto para realizar las actividades de la vida cotidiana. Las proteínas, al aportar colágeno, ayudan a promover la regeneración de los tejidos y la recuperación muscular tras la práctica deportiva. Los carbohidratos, por su parte, son el combustible que mantiene la explosividad de la musculatura, además contribuye en gran medida (junto a las proteínas) en la creación de masa magra si se acompaña del entrenamiento adecuado".

¿Qué ocurre si eliminamos por completo los hidratos de carbono durante más de 10 días? "Siempre que la ingesta de proteínas sea moderada (inferior a un 25%), al consumir las reservas de glucógeno, entraremos en un modo de quema de grasa, denominado cetosis". ¿Esto qué quiere decir? "Nuestro cuerpo se ve obligado a tirar como combustible principal de los cuerpos cetónicos en lugar del glucógeno, lo que puede tener varios efectos secundarios:irritabilidad, dolor de cabeza, falta de apetito, perdida de músculo, arritmias y mal aliento, entre otros". Esta experta en nutrición advierte de que, cuando se plantea la posibilidad de seguir una dieta tan brusca, "no sólo hay que sopesar los efectos positivos (bajar la resistencia a la insulina, perdida momentánea de peso, etc) que puede acarrear, sino que se debe realizar una valoración global de sus consecuencias en la salud. Eso por no hablar de lo complicado que es mantener en el tiempo un plan tan severo. "Es muy difícil de sostener y, en el momento que se vuelve a la vida normal, lo más lógico es que nos atiborremos de todo lo que pillemos. La base de una buena alimentación es la lógica y, sobre todo, la variedad".

TIPOS DE HIDRATOS

Para los que todavía tenga dudas al respecto, esta nutricionista recuerda que no todos los carbohidratos son iguales. Su recomendación: "Evitar los simples o de absorción rápida, esos que nos proporcionan un subidón instantáneo (pizza, bollos, 'chuches', gaseosas, procesados, etc) para optar por los complejos (patatas, legumbres, frutas y frutos secos).

Si ya lo decían nuestras madres, "con la comida no se juega"

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