Has no content to show!
19 Agosto 2018

Es la corrupción, estúpidos!

Gobernadores, con cortauñas

-En el Estado de México, prácticamente todo el dinero para Salud que reciben, se lo roban-, me comenta un mexiquense que conoce, desde hace décadas, las tripas, costumbres y manejos de la clase política heredera de las mañas de Hank González.

“Político pobre, es un pobre político…”, decía el propio Hank, ex Gobernador, ex regente capitalino, ex secretario de Estado. Desde todas sus posiciones se enriqueció brutalmente con negocios al amparo del poder político y repartiendo el erario público a su antojo, sin que nadie se lo reclamara.

Hank tuvo herederos directos e indirectos en la manera de aprovechar un cargo político para enriquecer a familias, aliados, socios y amigos, además del peculio personal:

Directos: Arturo Montiel, Alfredo del Mazo padre, Enrique Peña Nieto quien – milagro de la política mexicana-, a los…¡16 años de edad compró su primera casa sin siquiera trabajar!, según su declaración patrimonial. (A mayor detalle sobre el desaforado enriquecimiento de Peña y sus finanzas personales, ver libro El derrumbe. Capítulo “La fortuna del señor Peña”. Martín Moreno. Edit. Random House / Aguilar).

Indirectos: Humberto Moreira, Javier Duarte, César Duarte, Roberto Borge, entre muchos otros.

Moreira endeudó de forma irresponsable y brutal a Coahuila.

Javier Duarte quebró financieramente a un estado: Veracruz.

César Duarte llevó prácticamente, por el mismo camino, a Chihuahua.

Borge saqueó a Quintana Roo.

¡Ya basta, partida de pillos!

Estarán en la cárcel, o prófugos, pero lo cierto y doloroso es cómo quebraron a sus respectivas entidades: robándose (literal) el erario público. Vamos, el Duarte chihuahuense hasta un banco se compró para bursatilizar el saqueo.

¡Ya basta, partida de pillos!

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¿A qué llegan los 32 delegados estatales y 264 regionales designados por el presidente electo, López Obrador, a las entidades?

Sencillo: a cortarle las uñas a los gobernadores. A que no se roben más dinero. A cortar de tajo la corrupción. Principalmente, a frenar la voracidad de los priistas. ¡Algo tenía ya qué hacerse para evitar que se siga saqueando al país!

Basta echarle un vistazo a la información de ayer en diario Reforma en su primera plana:

Los súperdelegados tendrán tres misiones fundamentales:

Garantizar que el gasto federal llegue a obras, sin intermediarios. (Es decir: serán recursos manejados directamente por los delegados, sin intervención del gobernador en turno, familiares, socios o amigos).

Vigilar compras con recursos federales y transparentar licitaciones. (Es decir: adiós al favoritismo a proveedores socios del gobernador y a contratos asignados de forma directa, sin concursar, con la debida tajada económica para el bolsillo del gobernante o del secretario estatal correspondiente).

Depurar padrones de beneficiarios de programas sociales. (Es decir: se acaban los aviadores, líderes políticos o grupos sociales que sin merecerlo, son beneficiados directamente con programas exclusivos para los más pobres, y después ser utilizados política y electoralmente por el gobierno y el partido que en ese momento gobierna. Grupos clientelares, pues).

“Todos los recursos de obras federales no se van a entregar a los estados, porque acostumbran a quedarse con el 10 o el 20 por ciento del recurso, con el moche y hasta ponen al constructor”, apunta la reportera Claudia Guerrero en el mismo diario.

Es decir: adiós a los nefastos moches.

Aún más:

La próxima secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, reveló que “los delegados manejarán los recursos que a través de Sedesol y diversos programas, siempre ha manejado el gobierno federal. Los recursos bajarán ahora a través de un solo delegado”.

Es decir: los gobernadores no podrán robarse el dinero público.

Algunos advierten: es violación al pacto federal. Se quejan: los delegados serán virreyes en los estados, por encima de los gobernadores. Señalan: AMLO busca restaurar el control político del Presidente en todo el país.

Será el sereno, pero algo tenía qué hacerse para frenar el agraviante saqueo de los gobernadores con los recursos públicos. Para evitar más Duartes. Para impedir más quiebras financieras estatales.

¡Ya basta, partida de pillos!

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Sin dinero, el PRI es un partido inoperante, inútil. Muerto.

Y esa también es la intención: reducir al PRI a su mínima expresión, hasta desaparecerlo.

Lo hemos dicho: el PRI ya es anacrónico para los nuevos tiempos del país. El PRI es dañino a la democracia porque no la conoce ni la práctica. El PRI ya caducó. Ya fue.

Con el tiempo, diluir al PRI.

¿Cómo?

Ese será tema de otra columna.

(Sin Embargo)

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