En Mérida el barrio de San Cristóbal PDF Print E-mail

20/enero/2014

Enclavado en el corazón de la capital yucateca, el barrio de San Cristóbal es sinónimo de una ciudad con un consolidado dinamismo cultural y económico, de elevada migración interna y eje de un ancestral sincretismo religioso.

Ubicado en el oriente del centro de la capital yucateca, San Cristóbal lleva en su historia la tradición comercial, al ser en la Colonia el eje proveedor de la industria peletera, así como el lugar de concentración de miles de indígenas traídos del altiplano por los españoles, para consolidar la conquista de esta tierra, publica Notimex.

Casonas de gruesas paredes levantadas con la sólida roca del Mayab sobresalen en el trazo urbano, calles con leyendas en latín, pero también letreros y marquesinas que anuncian productos y servicios dan cuenta la Mérida colonial, así como de la Mérida comercial de hoy.

En el centro de esa comunidad se levanta el santuario en honor a la Virgen de Guadalupe, templo edificado en el siglo XVIII, la última iglesia correspondiente a la provincia española de Yucatán, en cuya parte alta hay un pasadizo que rodea la construcción y que fue punto de vigilancia y defensa ante cualquier revuelta.

En algún tiempo fue uno de los barrios donde finalizaba la ciudad y albergaba a cientos de mexicas y tlaxcaltecas que llegaron en el siglo XVI traídos para ayudar a la conquista de Yucatán, así como en la demolición de un cerro bajo en el cual yacía un templo maya y que al final diera vida a otro católico.

Además de sus edificios históricos, muchos de ellos convertidos en locales para el comercio y modificados sin respeto a su función de hogar en la época colonial, ese barrio es considerado hoy uno de los más activos del estado.

Negocios y servicios ancla

Esa actividad se debe a que concentra un sinnúmero de estaciones de autobuses foráneos, en especial los que conducen al oriente del estado, un centro de salud y una hospital materno infantil, así como varias clínicas y consultorios privados.

Según estimaciones de varias instancias, como el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, Mérida cuenta con una población cercana a 800 mil habitantes, sin embargo, de lunes sábado esta supera el millón 600 mil, debido al arribo de la población del interior estado a los centros de trabajo en la capital.

Para el investigador Jesús Lizama Quijano, gran parte de esa migración interna llega a esta zona, donde a su vez se ubican los principales mercados del sureste, donde es cada vez más frecuente la presencia de turistas que buscan conocer la diversidad de productos que se elaboran en el estado y en degustar la gastronomía local.

Así, los mercados Lucas de Gálvez y San Benito, así como el tianguis citrícola y hortícola Víctor Cervera son referentes obligados para quienes buscan conocer cómo se vive, piensa y habla en los hogares yucatecos, pero también para la adquisición de productos perecederos por parte de la población local.

Sin embargo, pese a ser una zona de intensa actividad comercial y de prestación de servicios, en especial los relacionados con el transporte y la salud, este barrio presenta problemas urbanos y vinculados al intenso flujo poblacional que concurre en la zona.

Reflejo de problemas sociales

Un estudio del Patronato del Centro Histórico de la ciudad de Mérida corrobora que el barrio de San Cristóbal es uno de los puntos donde se reflejan los problemas sociales.

Es también, de acuerdo con el análisis, sitio de encuentro para diversas rutas que transportan población flotante a sus respectivos municipios cuando concluye la semana laboral.

"Con este flujo continuo de ciudadanos también se presentan problemas sociales como la existencia de cantinas cerca de las terminales, lo que da paso a que parte del dinero obtenido en la semana se gaste en las inmediaciones, con el consecuente reflejo de ese hecho en el paisaje urbano", refirió el especialista.

Pese a esos problemas, San Cristóbal es un centro de atracción para el turismo moderno que va en busca de las realidades que viven los herederos de las culturas prehispánicas y para la población local que satisface ahí sus necesidades de abasto alimenticio y religioso.


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