| En Yucatán ocurrió el crimen perfecto |
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El asesinato del entonces gobernador de la Provincia de Yucatán, don García de Valdés y Osorio Dóriga y Tineo, conde de Marcel de Peñalva, acaecido el 1 de agosto de 1652, hace exactamente 360 años, fue un rimen perfecto. El conde de Peñalva, asturiano de origen y quien había residido antes en el palacio episcopal de Puebla de los Ángeles ejerciendo el cargo de administrador, al cobijo de su tío, el obispo Gutierre Bernardo de Quirós, que incluso lo recomendó para virrey de la Nueva España, arribó a Mérida proveniente de Veracruz a bordo de una fragata el 19 de octubre de 1649 (otros historiadores apuntan que fue un año después) para ocupar el cargo de Gobernador y Capitán General de la Provincia de Yucatán, designado por el entonces rey de España, Felipe IV. Venía a ocupar el cargo que dejaba su antecesor Enrique Dávila y Pacheco, el cual había estado en el puesto como interino tras el fallecimiento repentino de Esteban de Azcárraga. Así se convirtió en el 33º. Gobernador de Yucatán. Don García, que también fue Alférez Mayor de la Ciudad de México, había contraído matrimonio en Puebla con la criolla Margarita Beltrán y Alzate, con la que tuvo dos hijos, Fernando y García de Valdés y Beltrán. Pero como era costumbre en esas épocas, los gobernantes llegaban sin su familia para conocer el lugar, por lo que el nuevo mandatario de la Provincia de Yucatán aprovechaba la ausencia de su cónyuge para sostener varios romances con damas meridanas. Pero a pocos agradó su llegada al gobierno yucateco, ya que don García, entonces de unos 50 y tantos años de edad (no hay registro sobre la fecha de su nacimiento), lo hizo acompañado de un séquito de facinerosos a los que colocó en puestos clave dentro de su administración. Su arribo a la capital yucateca causó casi pánico entre la apacible población y temor entre los que ya sabían de sus andanzas en el Viejo Mundo, porque don García de Valdés era pendenciero y malvado como el que más, dice la mayoría de los historiadores. Incluso, llegó a ser apodado "El Monstruo Abominable". Pero otros escritores lo defienden, apuntando que se trataba más bien de un dirigente exigente y con aires de superioridad, que era odiado más que nadie por los encomenderos, a los que había afectado por su forma rígida de gobernar. Proveniente de una familia de linaje en la Península Ibérica, pero famosa por sus hechos violentos y delictivos en sus últimas generaciones, De Valdés y Osorio Dóriga y Tineo vino casi desterrado a la Nueva España. El tipo, como se dice en política actual, estaba bien "colocado" ante la gracia del soberano hispano, por lo que la monarquía, para deshacerse de tan mal súbdito, prefirió ofrecerle el cargo de Gobernador de una lejana provincia en el Nuevo Mundo, que para desgracia de los yucatecos sería en estas tierras. Así, aprovechándose de su cargo, Don García, quien por cierto era muy bien parecido, como ya dijimos antes, repartió cargos entre sus "amigotes", tan delincuentes como él, mientras se dedicaba a saquear las de por sí empobrecidas arcas de la Provincia. También, según sus críticos, el conde de Peñalva, para evitar el monopolio del grano de maíz por parte de sus enemigos, los encomenderos, prohibió tajantemente su manejo para frenar el acaparamiento, pero sí, en cambio, ordenó que fueran las autoridades las que lo hicieran, provocándose de esta manera un monopolio del gobierno que conllevó a la escasez del grano y ésta, a su vez, a la hambruna de la población. Hay otra frase de entonces que decía "Don García almacenó más odios que maíz". Cuentan que por el interior de la Provincia era común ver cadáveres de campesinos y sus familias muertos de inanición a causa de la escasez del grano. Dicen también que la intención de De Valdés y Osorio no era precisamente cuidar el maíz, sino revenderlo más caro, para de este modo nada honesto seguir engordando sus propias arcas. También tuvo problemas con los herederos del conquistador Francisco de Montejo, a los que confiscó varias de sus numerosas encomiendas, así como rencillas con el entonces Obispo Domingo Ramírez, por exigirle a la Iglesia impuestos por el ceremonial eclesiástico. Así, creándose alrededor suyo un ambiente hostil, odiado por todos los estratos sociales de la Provincia de Yucatán, una mañana de 1652 don García apareció muerto en su propio lecho, en una de las habitaciones del Palacio de Gobierno. Esa lluviosa mañana del 1 de agosto de ese año, un fiel mozo que acostumbraba ir a despertar todos los días al Gobernador para llevarle su desayuno, tocó a la puerta varias veces sin recibir respuesta, y ante el silencio de su amo, entró a la habitación y halló el cuerpo de Don García acribillado a puñaladas, se dice que fueron por lo menos 20 heridas las que recibió, dejando ver la saña y odio con la que fue inmolado. La noche de la muerte de Don García, se vio entrar y salir por una puerta lateral del Palacio de Gobierno, que da a la ahora calle 60, a una dama vestida de negro. Los investigadores de la época señalaron que fue la supuesta "dama de negro" quien dio muerte a don García, pero dudaban que haya sido una fémina, sino más bien que se trataba de algún marido ofendido o alguno de los encomenderos, que vestido con ropas de mujer entró al Palacio y se dirigió a los aposentos del gobernante, expresamente a asesinar a tan odiado personaje. Varios testigos madrugadores dijeron que esa lluviosa mañana vieron a la fantasmal figura vestida con ropaje negro, con paso apresurado y un caminar poco femenino por las calles de lo que ahora es el Parque Hidalgo, y enfilarse hacia espaldas del entonces convento jesuita de San Francisco Javier, ahora la Iglesia del Jesús, donde se le perdió la pista. De ahí la sospecha de que pudiera tratarse de alguien enviado por el Obispo Ramírez para asesinar a De Valdés.
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