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08/septiembre/2012
Enrique Peña asumió ya la investidura de presidente electo y dejó de lado las actitudes de campaña, donde sus recorridos de llegada eran algo parecido a un concierto: ahora mantiene una postura más sobria, al grado de rechazar subir a las vallas para saludar a la gente.
Ahora Peña saluda más sobrio y solo estrecha las manos, atrás quedaron los abrazos para las mujeres.
"Es que ya es Presidente. Tiene que ser así, más serio", explica una señora a otra, que lo mira desencantada, porque se quedó con las ganas de una foto.
En el evento, de entre los pocos invitados que lograron quedarse de pie junto a las vallas, pese a los regaños de un elemento del Estado Mayor, quedó también una mujer regordeta sin media docena de dientes, que no hizo reparos en el cambio de formato de los actos y terminó por gritar a todo pulmón que ella era La Paloma que le hacía falta.
Luego, Enrique Peña presentó a Rosario Robles como la funcionaria que lo ayudará a abatir la pobreza.
La ex perredista sonrió y más tarde escuchó las quejas de un grupo de mujeres que se arremolinó junto a ella para pedir que esta vez sí se termine el hospital que sirvió casi de escenografía para la visita.
Ha sido visitado e inaugurado en distintas fases por dos mandatarios estatales, por el presidente Felipe Calderón y ahora por Peña.
La construcción aún requiere casi 300 millones de pesos para ser terminada y otra cantidad similar para que sea equipada y echada a andar por completo, lo que tomará al menos un año.
Es evidente, la música y su volumen se tornaron sobrios, atrás quedaron las cancioncillas pegajosas y el Peña popular que besaba a todas las mujeres.
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